miércoles, 29 de julio de 2015

Más o menos igual


Sonatina







La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío 

jueves, 28 de mayo de 2015

Paz en tiempos revueltos



                       


Estos días, me he dado cuenta que me esta acompañando un tesoro. 
Este tesoro lo encontré escondido entre los baúles de mis amadas ciencias .
Vi  en él, bondad, amor, lealtad, pasión, mal crianza hacia mi pequeño corazón...
Descubrí el mapa que me llevaba hasta él hace un año, pero no me percate de su brillo hasta que decidí encontrarlo con ayuda de un buen amigo.
Este tesoro, me enseña día a día muchísimas cosas. Que es cuidar a una persona , que es ser atento, que es amar sin pausa pero sin prisa y miles de mapas más...
Este tesoro se carga seguro en los andamios de mi estructura y va dejando pequeños brillos en mis recuerdos como el que guarda en su mente cientos de fotografías.

Recuerdo ahora, el brillo de su desnudez mirando hacia la ventana, su perfil desnudo tan noble y elegante, su espalda tan alta y esbelta y esos labios  carnosa fruta.
Si, efectivamente hablo de un tesoro, aunque usted no se lo crea , pero por ahora es el mejor que he podido tener en mis manos. Es el mejor que ha entrado con paso firme y templanza en mi corazón, es aquel que ha destruido completamente mis miedos, me ha cuidado y me hace constantemente feliz.


Este  tesoro lo guardo en mi corazón por que es y sera uno de los más valiosos en mi vida.



María Ángeles.

martes, 14 de abril de 2015

Dulce fruta



Denota el brillo de sus ojos un hito de esperanza.

Clava su sonrisa en tu pupila un aire de elegancia.

Cantan sus sonrosadas mejillas una fragancia.

Remueve su destapado cuello  tus hambrientas papilas gustativas.
Prende la chispa para que arda el fuego entre sus piernas.

Besa su cuerpo como el que muerde  la más tierna, jugosa y dulce fruta.


Y si tu deseo no la mata de placer, su amor nunca será tuyo.

Mª Ángeles