jueves, 6 de marzo de 2014

Latencia


Estaba tumbada, sangrando en medio de un frío valle, donde recogía los pétalos de las flores caídas de mi decepción.
Entreabría los ojos para poder ver la luz, pero esta me encandilaba y volvía a cerrarlos resignada.
 Exasperada  por el dolor de mi costado, moría en silencio mientras lloraba sangre. El sol, se apagó y yo seguía llorando. Luego la tormenta abrió su paso entre las finas hierbas de la decepción. Así pues, empezó a caer agua sobre mi rostro y limpiaba cada una de mis heridas, pero estas no sanaban, y yo seguía muriendo.
Nadie se había percatado de que yo estaba viva, y nadie hizo nada para salvarme. Yo seguí en el campo de batalla muriendo. Cuando por fin morí, empecé a  pudrirme.

 Después de unos años nada quedaría de mí, nada más que unos pocos restos inorgánicos, que se encontrarían en una planta, en un bello  periodo de latencia.

María Ángeles Romero 

No hay comentarios:

Publicar un comentario